
La maternidad es uno de los momentos vitales más significativos en la vida de una persona y conlleva grandes retos. Puede ser una experiencia muy gratificante para muchas mujeres, o no serlo tanto. Sin embargo, sea como sea, se trata de una etapa en la que la persona tendrá que hacer frente a desafíos psicológicos importantes. Si, además, esta maternidad tiene lugar en el extranjero, los retos psicológicos se intensifican.
En este artículo vamos a detallar algunos de los desafíos más significativos cuando una mujer se plantea ser madre, o bien está criando, en un país que no es el suyo de origen. Cabe mencionar que estos desafíos pueden variar en función de la situación personal de cada mujer (si está sola o en pareja), el contexto cultural y económico en el que se encuentra, la barrera idiomática y/o la red de apoyo con la que cuente. A continuación, analizamos algunos de los más habituales:
1. Ser madre, sí… pero ¿dónde?
Este suele ser uno de los temas que más frecuentemente escucho en consulta por parte de mujeres expatriadas. Después de llevar varios años fuera de su país y haber alcanzado cierta estabilidad profesional, se plantean ser madres, y en ese momento emergen en cascada innumerables dudas: ¿quedarse más tiempo en el país de acogida o regresar a su país natal para dar a luz y criar a sus hijos?
Las preguntas son muchas: ¿será mejor dar a luz en el país de acogida o volver al propio?, ¿con qué red de apoyo contarán tras el nacimiento?, ¿podrán hacerlo solas si no cuentan con suficiente ayuda?, ¿educar en la cultura del país de acogida o en la propia?
Estas dudas suelen aparecer en forma de pensamientos rumiantes, que van y vienen casi de manera automática y fuera del control de la persona, provocando mucha angustia y ansiedad. El objetivo suele ser tomar “la decisión más correcta”, pero el problema aparece cuando no está claro cuál podría ser la mejor opción para sí misma o para su hijo/a.
A esta decisión, ya suficientemente compleja, muchas veces se le suma una presión adicional: el tiempo. Muchas mujeres sienten la urgencia de ser madres antes de cumplir más años —habitualmente alrededor de la treintena— y así evitar posibles complicaciones para quedarse embarazadas o durante el embarazo. En estos casos, hay que tomar una decisión, debe ser la correcta… ¡y además debe tomarse rápido!
2. Dar a luz en el país de acogida
Para una mujer embarazada, el momento del parto puede ser uno de los más esperados, pero también uno de los más temidos. Si a esto le sumamos el desconocimiento o la falta de entendimiento sobre cómo funciona el sistema de salud del país (clases preparto, protocolos médicos, seguros, etc.) y/o la barrera idiomática, el momento puede vivirse con aún más ansiedad e incertidumbre.
3. Criar en un entorno cultural, social o idiomático distinto
Muchas futuras madres —o madres que ya están criando en el extranjero— experimentan sentimientos encontrados. La crianza en un país donde los códigos culturales y sociales son muy distintos (o incluso opuestos) a los propios puede resultar desconcertante. ¿Cómo lidiar con esto en la educación de los hijos/as?
Este es un tema sensible para muchas mujeres que desean transmitir ciertos valores a sus hijos, pero que se encuentran en una sociedad que promueve otros distintos. Esto puede generar tensiones internas y dudas constantes sobre qué camino seguir.
4. Diferencias culturales en torno al concepto de “ser madre”
Existen muchas formas de ser madre y ejercer la maternidad. Tantas como mujeres hay. Sin embargo, más allá de lo individual, la maternidad también está atravesada por elementos culturales, sociales e identitarios del grupo al que pertenecemos.
Podemos venir de una sociedad donde ser madre es un evento para el que la mujer se prepara durante años, y donde su vida gira completamente en torno a ello. O bien de una cultura donde la maternidad es una elección posterior a un desarrollo profesional, y ambas dimensiones —maternidad y carrera— coexisten sin que una implique sacrificar la otra.
Ambas formas son válidas. Pero, ¿qué ocurre si venimos de un modelo y nos encontramos criando en una sociedad que tiene una concepción opuesta? Es posible que nos sintamos juzgadas, incomprendidas o solas. Esta falta de comprensión puede dar lugar a una experiencia de maternidad vivida más desde el aislamiento que desde el acompañamiento.
5. La falta de red de apoyo en la crianza
Siempre digo que criar es tener tribu. Hacer tribu. Pero, ¿qué pasa cuando no tenemos tribu? ¿Cuando no tenemos cerca a una madre, tía o amiga que ya ha sido madre y que pueda ayudarnos, orientarnos o simplemente estar allí?
Todos los puntos expuestos reflejan situaciones reales que pueden darse cuando las mujeres viven su maternidad en el extranjero. En muchos casos, estas experiencias pueden situarlas en un estado de alta vulnerabilidad psicológica, que puede derivar en cuadros de ansiedad o depresión.
Por eso, es fundamental contar con una red de apoyo, aunque sea pequeña, que pueda ofrecer contención en un momento en el que la salud mental (y física) se verá puesta a prueba. Y si esto no es suficiente, acudir a una o un profesional de la salud mental puede marcar una gran diferencia.